Sanando los recuerdos que te condenan…. ¿es posible?

Escribí el libro Soy la que soy para contar que todas esas mujeres de La Biblia tenían identidad. A través de esta obra de teatro titulada igual que mi libro, quiere decirte que vos también tenés identidad, y esa identidad es tu nombre.

Cuando Dios le dijo a Moisés que tenía que libertar al pueblo judío, él preguntó: “Cuando me presente ante los israelitas, ¿qué les contesto si me preguntan cómo te llamás?”. “Presentame como Yo soy el que soy“, le respondió Dios. No hay más que explicar: podés presentarte al mundo como la que sos, sin necesidad de aclarar: “Soy la mamá de…”, “soy la hija de…”, etc. Dios te ha dado una identidad que te define. Él te creó con un propósito en esta vida, una meta, un sueño, por eso no tenés que tener miedo: hay un lugar especial en este mundo para tu vida: ¡usalo, sé libre, alcanzá tu sueño!
Recordamos a estas mujeres de la historia bíblica porque cada una de ellas hizo lo que tenía que hacer con pasión. Si querés ser recordada a lo largo de la historia de la humanidad, tenés que hacer lo que deseás hacer, pero con pasión. Todos los personajes que hoy recordamos hicieron lo bueno o lo malo, pero lo hicieron con pasión. Por ejemplo, Hitler puso pasión para hacer el mal, mientras que la Madre Teresa de Calcuta puso pasión para hacer el bien. Bill Clinton es recordado no por la trascendencia de su presidencia, sino por el apasionado affaire que tuvo con Mónica Lewisky. Entonces, hacé el bien, y si querés ser recordada, ponele pasión, porque la pasión es el ingrediente necesario para la vida.

La mujer adúltera, a la que me referiré en un próximo libro, fue sorprendida en el mismo acto de adulterio. ¡Qué situación incómoda! En aquellos tiempos, como no había televisión, los religiosos iban a ver pornografía donde pudieran, y así fue que encontraron a esta mujer. Sin darle siquiera tiempo para vestirse, estos hombres la sacaron de la casa y la pusieron delante de Jesús para que Él la juzgara y la castigara. Todo lo que hagas con pasión, sea bueno o sea malo, te va a llevar delante de Jesús. Si Jesús no hubiese estado en el momento que encontraron a la mujer, los hombres la hubieran terminado matando, pero el Señor siempre aparece cuando hacemos cosas buenas y también está cuando cometemos errores. Él está ahí para transformar nuestros recuerdos de modo que cuando miremos al pasado, no lo miremos con angustia ni con dolor, para que ese pasado no nos persiga.

Hay un pasaje en Ezequiel 46:8-10 que dice: “Cuando el príncipe entre, lo hará por el vestíbulo de la puerta, y saldrá por el mismo lugar. Pero cuando el pueblo se presente delante del Señor durante las fiestas señaladas, el que entre para adorar por la puerta del norte saldrá por la puerta del sur; así mismo, el que entre por la puerta del sur saldrá por la puerta del norte. Nadie saldrá por la misma puerta por la que entró, sino que siempre saldrá por la de enfrente. Y cuando entren y cuando salgan, el príncipe deberá estar entre ellos”. Eso significa que cuando hacés algo con pasión y te enfrentás a Jesús, Él va a hacerte volver por otro camino. Si entraste angustiada, vas a salir con alegría; si viniste con depresión, te vas a ir llena de esperanza; si entraste con deudas, vas a salir prosperada; si entraste sin fe, vas a salir creyendo. No vas a salir por la puerta que entraste, no te vas a ir de la misma manera en que llegaste, porque cuando Jesús irrumpe en tu vida es para mostrarte que hay un nuevo camino.

Hay gente que no selecciona qué recuerdos de su vida guardar en la memoria. Si toda tu vida estuviera retratada en 500 fotos y yo te pidiera que armaras un álbum con 50 fotos, ¿cuáles elegirías? Seguramente quisieras guardar en el álbum las fotos en las que saliste más linda, más delgada, más sonriente. Es probable que no incluyeras fotografías en las que estabas mal maquillada, con ojeras o triste. Entonces, cuando alguien te preguntara por tu vida, mostrarías ese álbum con 50 fotos espectaculares y dirías: “¡Esta es mi vida!”. Eso es lo que Dios quiere que hagas con todos los recuerdos que tenés de tu pasado. Él quiere que elijas los mejores momentos para tenerlos siempre en mente. El Señor te dice: “Si hoy estás mal, voy a darte buenos recuerdos, voy a hacerte volver por otro camino”.

¿Te gustaría conocer al hombre correcto?, ¿te gustaría encontrar el trabajo correcto?, ¿te gustaría tener la familia correcta? Muchas veces decimos: “¡Cómo me gustaría que la persona correcta llegue a mi vida!”, y no nos damos cuenta que el problema no es encontrar a la persona correcta sino entender que las incorrectas somos nosotras. Llegamos a la vida de un hombre correcto y se la arruinamos con nuestras quejas, problemas, ansiedades o miedos. Llegamos al trabajo correcto y lo arruinamos con llegadas tarde, discusiones con los compañeros, chismeríos, etc. Muchas veces estamos muy ocupadas en ver qué es lo que Dios va a hacer en las demás personas y no vemos lo que quiere hacer en nuestra vida. A la mujer de la historia bíblica la llevaron semidesnuda al medio de la plaza para ver qué iba a hacer Jesús con ella. Al igual que a nosotros, a estos hombres les interesaba más la vida de la mujer que su propia vida, y querían ver si Jesús aplicaba la ley y la condenaba a morir apedreada. A Pedro también le pasó algo similar: una vez Jesús le quiso hablar sobre su muerte: “Te van a arrestar, te van a poner esposas y ya no vas a ser libre para ir donde quieras”. Pedro podría haber aprovechado para preguntarle montones de cosas: “¿Por qué me va a ocurrir eso?”, “¿qué va a pasar conmigo?”, “¿qué debo decir cuando ese momento llegue?”; sin embargo, Pedro miró a Juan y le respondió a Jesús: “Y a este, ¿qué le va a pasar?”. ¡En lugar de usar ese momento para ver lo que Jesús iba a hacer con él, Pedro estaba preocupado por saber acerca de otra persona!

¿Te pasó alguna vez que fuiste a la iglesia y al escuchar el mensaje del pastor, pensaste: “¡Qué bien le vendría a mi marido escuchar esto!”, o “¡qué lástima que no vino mi suegra!”? Esto es lo que nos pasa muchas veces: en vez de preguntarle al Señor: “¿Qué estás haciendo conmigo?”, “¿qué es lo que querés que haga?”, te ponés a pensar: “Ay, ¡si estuviera mi hija!”. Pero Dios te dice: “La protagonista sos vos. Yo quiero trabajar en tu vida y bendecirte a vos”.

Y ahí estaba la mujer adúltera, los hombres acusadores y también Jesús. Necesitás saber que siempre habrá acusadores. El Señor escuchó las acusaciones y se agachó. Seguramente, cuando los hombres habían llevado a la mujer, la empujaron de manera que ella perdió el equilibrio y cayó al suelo. Por eso Jesús se agachó, para mirarla a los ojos. Vivimos en un tiempo donde todo es vía mail o mensajito de texto. Casi no nos miramos a la cara, no nos abrazamos ni nos acariciamos; sin embargo, todos necesitamos afecto, ser escuchados, ser abrazados.

Jesús se agachó, la miró a los ojos y con Su mirada le dijo: “Yo te entiendo. Sé por lo que estás pasando, sé lo que estás pensando, la bronca que tenés y la vergüenza que sentís. Yo sé las cosas que podrías decir de ellos y, sin embargo, estás en silencio”. A veces pensamos que Jesús no nos entiende, pero el Señor nos dice: “Te entiendo, no necesitás explicarme nada. Entiendo lo que sufriste, entiendo lo que te pasó, entiendo la equivocación que cometiste, entiendo lo que se te pasó por la cabeza en de ese momento, entiendo por qué le dijiste eso a tu pareja, yo entiendo por qué mentiste”. Dios nunca te va a decir: “No te entiendo”, “¿por qué hiciste semejante cosa?”, “¡otra vez te equivocaste!”. Él siempre te va a comprender.

Después de mirarla a los ojos, Jesús volvió a ponerse de pie para hablar con los hombres que la acusaban. Dirigiéndose a la mujer, preguntó: “¿Quiénes son tus acusadores?”. Eso mismo te pregunta a vos el Señor: “¿Quién te está acusando de algo hace mucho tiempo?, ¿de qué te acusa tu propia mente todos los días?”. Porque el que vive con acusaciones pierde la alegría, tiene una mente de condenación, va a su trabajo angustiado, triste, tiene una familia y no la puede disfrutar. Existen mujeres que cometieron errores apasionadamente y esa condenación viene todo el tiempo, y sin darse cuenta, buscan a alguien que las castigue: forman pareja con hombres mentirosos, manipuladores, golpeadores, porque de esa manera sienten que están pagando su culpa.

En la historia de la adúltera, Jesús primero se agachó, tomó la acusación y luego se puso de pie para defender a la mujer. Tenés que saber que Jesús siempre va a venir a defenderte. Cuando Él te busca es porque quiere ser tu abogado, el que va a defenderte. A pesar de nuestros errores, de nuestros conflictos, el Señor nunca renuncia, jamás se da por vencido. Seguramente esta mujer estaba allí, casi desnuda en medio de todos esos hombres, avergonzada e incómoda, pero Jesús la vistió en su espíritu. A veces nos preocupamos mucho por arreglarnos, maquillarnos, vestirnos bonitas, peinarnos, pero salimos de nuestras casas con el espíritu desnudo, porque no estuvimos ni un momento delante de la presencia de Dios, no leímos ninguna promesa bíblica, no le preguntamos a Dios que quería ese día de nosotras. Así estaba esta mujer, pero Jesús vistió su espíritu y le cambio los recuerdos. Ahora, cuando ella recordara su pasión, diría: “¡Pero ese día conocí a Jesús y Él me cambió la vida! Yo venía por el camino equivocado, y Él cambió mi rumbo”.

Los hombres querían ver qué hacía Jesús con la adúltera, pero en cambio, Él se dirigió a ellos: “Si alguno de ustedes no tiene pecado, tire la primera piedra”. Jesús viene a tu vida para quitarte de encima a tus acusadores. Él quiere que nadie, ni siquiera tu propia mente, venga a acusarte otra vez. Con Jesús estás perdonada y sos libre. “Andá –le dijo Jesús a la mujer–, sos libre. No peques más. Estás haciendo algo que va en tu contra, ¡no te castigues más, empezá a ser feliz!”.

Tu fe no se define por quién es Dios; tu fe se define por quién creés vos que es Dios. Si para vos Dios es el que está en un cuadrito y no puede hacer nada, así es Dios para vos; si tu fe es una cintita roja que tiene poder, ese es el dios que tenés, y el día que no tengas la cintita, te quedás sin dios; si tu fe es un recuerdo o una historia que te contaron, si tu fe solamente se basa en el bautismo que un día hiciste, ese va a ser el tamaño de tu Dios. Pero quiero decirte que Dios es inmenso, poderoso, y que tenés que romper tus límites y decir: “Estoy cansada de vivir así. Dame, Señor, una vida apasionada. ¡Quiero ser feliz!”.

Cuando era chica e iba de vacaciones con mis padres al mar, mi papá me decía: “¡Vamos al agua!”. Él se agarraba fuerte de las manos y cuando venía una ola, me levantaba bien alto, tan alto que el agua casi no me tocaba. Pero a pesar de que él me daba mucha seguridad, yo sabía que él era un ser humano y que si se resbalaba, me iba a soltar las manos. Pero cuando Jesús te dice: “Agarrate de mis manos”, Él no es hombre para mentirte, así que no te va a soltar jamás. Tal vez la estés pasando mal, quizás la ola te esté mojando, pero no te preocupes, porque ahí está Jesús para agarrarte de las manos y levantarte bien alto. ¡Ese es nuestro Dios!

“Se hará con ustedes conforme a su fe”
, dijo Jesús. Entonces, ¿qué Dios tenés? El Señor puede cambiar tu vida, puede cambiar tus recuerdos para que cuando mires atrás veas cosas maravillosas porque Él estuvo ahí presente en cada situación. Dios quiere cambiarte el recuerdo de esas cosas negativas con las que luchás todos los días: “No soy la mujer correcta”, “nunca logro nada”, “no puedo salir adelante”, “a mí nadie me quiere”. A veces las mujeres ponemos toda nuestra confianza en una persona, y está bien confiar en la gente, pero no debemos poner nuestra vida en manos de nadie, porque el único que te puede sostener es Jesucristo.

Entregale a Jesús todo aquello que hayas hecho con pasión, sea bueno o sea malo. Quizás te humillaste, tal vez lastimaste a otras personas o dañaste tu propio cuerpo, pero Jesús hoy está aquí para decirte que Él va a transformar tus recuerdos para que no sean una condena en tu vida. Entregale al Señor tu corazón, y Él, el Dios grande y poderoso, hará lo que ningún ser humano puede hacer. Entraste por una puerta con dolor, tristeza y angustia, pero vas a salir por la puerta de la alegría, de la prosperidad, de la bendición, del amor y de la fe. Amén.
Fuente: Alejandra Stamateas – Mensajes de éxito.

¿Cómo lidiar con la soledad?

 

¿Có¿Cómo lidiar con la soledad?: ayuda espiritual mo lidiar con la soledad?
Por Rick Warren

Hay buenas formas de lidiar con la soledad y las hay también contraproducentes. Una de estas últimas es convertirse en un adicto al trabajo. Uno pasa todo el tiempo trabajando, trabajando, trabajando. Se levanta por la mañana, trabaja todo el día hasta que se desploma agotado en la cama en la noche. Al fin, sin embargo, eso le va gastando físicamente al igual que en lo emocional.

Algunas personas prueban con el materialismo: compran todo lo que esté a su alcance. «Si puedo rodearme de cosas, seré feliz». Pero las cosas no satisfacen. Si alguien le pusiera en una isla y le dijera: «Puede pedir lo que quiera menos contacto humano»; ¿Por cuánto tiempo estaría feliz? No por mucho porque las cosas no satisfacen. Uno no puede comprar la felicidad. La forma de castigo más devastadora es el confinamiento solitario porque las personas necesitan a otras personas. Necesitamos socializar. Necesitamos aceptación y amor.

Unos tienen encuentros extramaritales; buscan compañía fuera de su matrimonio. Otros recurren al alcohol o a las drogas. Y aun otros se pierden en un mundo de fantasía a través de la lectura de novelas o de mucha televisión. Los hay también que no hacen nada; se quedan sentados y se echan en brazos del dolor.

Pero Pablo hizo cuatro cosas para combatir su soledad, y son tan adecuadas para nosotros hoy como para Pablo en su tiempo. Estas cuatro cosas son los siguientes conceptos: utilizar, reducir, reconocer e identificarse.

Utilice
La primera manera de combatir su soledad es utilizar su tiempo sabiamente. En otras palabras, sáquele lo mejor a su mala situación. Resista la tentación de quedarse sin hacer algo.

La soledad tiende a paralizarlo si se queda sentado sin hacer nada. Resístala; piense en una manera creativa para sacarle provecho a la carencia de cosas que le distraigan.

Si la vida le da limones, aprenda a hacer limonada. Lo que tenga a la mano para hacer, hágalo. Esto fue lo que hizo Pablo: «A Tíquico le envié a Éfeso». (v. 12) y: «cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas, en casa de Carpo; trae también los libros, especialmente los pergaminos» (v. 13). Pablo se negó a quedarse sentado lamentándose. No pensó: «¡Pobre de mí, pobre de mí!» No se quejó: «¿Dios, esto es lo que recibo a cambio de treinta años de ministerio?» «¿Esta es mi recompensa después de haber levantado un sinnúmero de iglesias y ser la persona más responsable por el avance de la fe cristiana en el mundo romano?» «¿Esto es lo que saco, morir en un calabozo húmedo en Roma?»

Reduzca
La segunda manera de lidiar con la soledad es reducir el dolor. No le preste demasiada atención a la soledad. No exagere ni ensaye una y otra vez: «Me siento tan solo, tan solo». No permita que la soledad le produzca amargura ni que el resentimiento se acumule en su vida. Pablo dijo: «Nadie me respaldó … no les sea tomado en cuenta» (v. 16).

El Apóstol tenía mucho tiempo a su disposición, pero no para guardar resentimiento. Sabía que el resentimiento solo lo hace a uno sentirse más solitario y levanta un muro alrededor. La soledad nos encierra en un calabozo personal y nos aleja de los demás, porque a nadie le gusta estar en compañía de un cínico, alguien que siempre está amargado y quejándose. Pablo dijo: «Quiero mejorarme, no amargarme, así que utilizaré mi tiempo y reduciré mi dolor».

Reconozca
La tercera manera de lidiar con la soledad es reconocer la presencia de Dios. Pablo dijo: «Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas» (v. 17). ¿Dónde está Dios cuando uno se siente solo? Justo al lado. Jesús dijo: «No los voy a dejar huérfanos» (Juan 14:18); «No los dejaré sin consuelo». Dios dijo: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré» (Hebreos 13:5).
No hay un lugar donde Dios no esté. Él está en todas partes todo el tiempo y usted puede dialogar con él constantemente. Mientras reconozca esto, nunca estará realmente solo. Hable con Dios y deje que le hable. David aprendió que la comunión con él es un antídoto poderoso contra la soledad. Por eso clamaba: «Dios, estoy tan solo. El rey Saúl me persigue y estoy solo en una cueva. Pero luego pienso en ti. ¿Adónde podría huir de tu presencia? Si subiera al cielo, allí estás tú. En cualquier parte de la tierra, allí estás tú. No puedo huir de ti» (Salmo 139).

Identifíquese
La cuarta manera de lidiar con la soledad es identificarse con las necesidades de los demás. En vez de concentrarse en uno mismo, enfóquese en otras personas. En vez de contemplarse a sí mismo, contemple a otros. Empiece ayudando a otraspersonas solitarias. Eso fue lo que hizo Pablo. Su mayor meta en la vida fue un ministerio de alcance hacia fuera; sirviendo a otros sin enfocarse a sí mismo. Tal como lo dijo: «El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que por medio de mí se llevara a cabo la predicación del mensaje y lo oyeran todos los paganos» (2 Timoteo 4:17). Pablo estaba solo al final de su vida y aun así nunca se olvidó de su meta: ayudar a otros.

Llene el vacío
¿Qué tiene que decir Dios con respecto a su soledad? Lo primero que dice es: «Entiendo. De veras, entiendo». El Hijo de Dios conoce la soledad. En la hora más oscura de Jesús, justo antes de ser crucificado, en el jardín de Getsemaní, todos sus amigos se durmieron. Cuando los soldados se lo llevaron preso para presentarlo ante el consejo, todos sus discípulos huyeron. Cuando Jesús llevó todas las iniquidades del mundo sobre su cuerpo en la cruz, gritó a voz en cuello: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Marcos 15:34).

Sí, Jesús entiende la soledad. Por eso le dice: «Entiendo cómo te sientes. Yo cuido de ti y quiero ayudarte». ¡Permítale que le ayude a vencer su soledad en lo que lo busca en oración y alcanza con amor a las personas solitarias que le rodean!

FUENTE: Lider Visión (Extracto del libro Respuestas a dificultades de la vida de Rick Warren (ISBN 978-0-8297-5231-1 ) ©2002 por Editorial Vida. Usado con permiso de Editorial Vida).

RENOVACIÓN EXTREMA ( Parte 1)

RENOVACIÓN EXTREMA ( Parte 1)

“Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea  la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Ro. 12:1-2

Una “Renovación Extrema”  no puede realizarse si primeramente no tengo una disposición a presentar mi vida a los pies del Señor, para que El haga de acuerdo a lo que desea para mí.

¿Vieron alguna vez el programa televisivo Extreme Makeover? Ellos dejan totalmente su casa en manos de aquellos que remodelarán todo, confiando en que nadie puede hacerlo mejor y que los resultados serán increíbles. La disposición y entrega  de todas las llaves de mi vida (mi casa) al Señor para que Él vaya “remodelando” cada una de las habitaciones y edificando nuevas donde sea necesario.

¿Estamos listas? ¿Quieren una “renovación total” y una “Renovación Extrema”?

La construcción en esta renovación parte primeramente con entender  sobre qué fundamento se edifica y  que esa base o cimiento es Cristo.  Cuanto más profunda es la base, más alto será la edificación…Poner a Dios en mi vida en el lugar que debe estar y dejar que pueda renovarme en todos los aspectos.

 

RENOVANDO MI CORAZÓN

 

Según la Biblia, el corazón es el motor de la actividad humana, el querer del ser humano radica en el corazón, se ve como el centro que gobierna toda la vida de las personas. Todo lo que el hombre hace es dictado por el corazón.

La concepción hebrea de la palabra “corazón” lo señala como el centro que gobierna todo el ser y, por consiguiente, todas sus acciones. La Biblia usa la palabra corazón para referirse a los aspectos emocionales, intelectuales y volitivos, entre otros usos. Sabemos que estas tres partes se encuentran en el alma, por lo tanto, bien podría decirse que el corazón es también el alma, de acuerdo a las Escrituras. En el Nuevo Testamento, la palabra corazón es sinónimo de persona

¿Quién tiene mi corazón? ¿En manos de quién está? ¿En las mías o en las de Dios?Quién tiene tu corazón…te tiene a Ti.

¿Qué es guardar? Habla de cuidar, proteger, mantener, conservar, poner en seguridad una cosa. Es importante que guardemosel corazón porque somos lo que hay en él. Lo que soy y hago sale de mi corazón. En la Biblia corazón es sinónimo de alma- Prov. 23:7

Empecemos con la Renovación Extrema de nuestro corazón… para llegar a tener un Corazón como el de Cristo y debo hacerlo limpiando mi corazón del pecado: Despojarme del pecado.

  1. Toma un momento para identificar tus pecados, aquellos pecados especiales y regalones que guardamos, esos pecados que sólo tú sabes que están. La idea es pesar mi corazón en la balanza de Dios…recordando como dice el salmista en Sal.139:2  que NO están ocultos al Señor. UN CORAZÓN LIMPIO:  Salmos 51:10

David vivió la tristeza de mantener pecado en su corazón y experimentar la miseria de estar alejado de Él. Cometió los pecados más atroces que podemos pensar…y a pesar de esto, fue el hombre de quién Dios dice: “un corazón conforme al corazón de Dios” Hechos 13:22

La confesión contrita es el puente por el cual cruzamos hacia Dios y hacia la restauración a un corazón limpio. 1° Juan 1:9

RENOVACIÓN EXTREMA ( Parte 1): ayuda espiritual      

2. UN CORAZÓN RENDIDO.      Fil 3:7-14

Rendido al Señor El ejemplo de Pablo, rendido a lo que realmente era importante: Dios mismo.

Cuando nos acercamos al Padre nuestro corazón debe ser sin – cera, es decir, que no haya ningún hueco tapado con cera, como solía hacerse con algunos productos que se vendían en la antigüedad, los cuales, parecían estar en perfectas condiciones y no mostraban defecto, el vendedor fraudulento cubría las rajaduras de los productos de cerámica con cera dando la impresión de que estaban en perfecto estado, cuando en realidad tenían huecos que en poco tiempo dañarían por completo el producto.

Por eso cuando los compradores iban a adquirir uno de estos productos se cercioraban que estuvieran si defecto, sin cera. Un corazón sincero es un corazón que no oculta nada delante de Dios, que se presenta tal como es, que no se viste con el ropaje del legalismo o una aparente santidad, sino que muestra ante el Padre la verdadera condición, las hendiduras y los huecos que aún persisten. La palabra griega usada para sincero tiene una connotación de verdadero. El corazón del adorador debe ser genuino, verdadero, auténtico, sin falsedad oculta. El corazón sincero identifica a “una persona que es honesta, genuina, comprometida, confiable y sin engaño”

 

El corazón sincero es aquel que abandona toda confianza en sí mismo y se rinde por completo ante los méritos de la sangre de Cristo y confía solamente en esto para entrar al Padre, pues, sabe que no tiene la capacidad para limpiar su corazón de sus perversiones, sino que confía de manera plena y absoluta en la obra de Cristo en la cruz. Un corazón sincero es aquel que se somete al Señorío total de Cristo sobre su vida.

Como curar tus ansiedades y miedos

¿Hay cosas en tu vida que parecen causar constantemente estrés, ansiedad o temor?

¿Te sientes agobiado por momentos y te resulta difícil dormir por la noche?

Sabes que el 90% de lo que nos preocupa en realidad nunca sucede, entonces ¿por qué nos preocupamos, y llenamos de estrés plagados de temores abrumadores?

Sabemos que en esta vida tenemos luchas espirituales y el enemigo trata de magnificar esas circunstancias difíciles en nuestras vidas, y cuando temporalmente desviamos nuestros ojos de Jesús y los problemas en nuestra vida persistentes, el resultado es que perdemos perspectiva.

Cuando nuestros ojos están apagados, espiritualmente hablando, el enemigo nos muestra escenarios del peor caso y nosotros sin darnos cuenta comenzamos a hablar de lo que esos escenarios se parecen, y le damos rienda suelta a nuestros pensamientos negativos, los cuales se llaman temores.

Lo peor en esos casos es que en lugar de escuchar a Dios, quien nunca nos ha dado un espiritu de temor, sino todo lo contrario, El nos ha dado un espiritu de dominio propio, nos ponemos a coincidir con los dardos que el enemigo de las almas nos esta lanzando a nuestra mente.

¿Me entiendes en lo que estoy insistiendo? Nosotros mismos empezamos a ponernos estres. Porque somos llamados a caminar por fe, a creerle a Dios tanto en las buenas como en las malas.

Como curar tus ansiedades y miedos: ansiedad

Hay algunas recetas que uso cuando me siento atacado , estresado , ansioso y temeroso. La prescripción no viene en una botella o en píldoras, pero a través de lo siguiente:

Receta para el estrés

Dejo de hacer lo que estoy haciendo y voy al trono de Dios, no espero a que las cosas se pongan peor. El es mi pronto auxilio, y con toda honestidad le digo lo que estoy sintiendo, sin tratar de pretender, sino que vacio mi corazon tal y cual esta en ese momento.

Y al levantarme después de orar, tomo una decisión. La decisión es que voy a confiar en que Dios me ama y me cuida, y no me voy a dejar llevar por emociones o sentimientos contrario a esa verdad.

Descanso en Dios y solo en Dios. No me pngo a esperar a que alguien venga y me ayude. Si eso sucede, que bueno, pero no me voy a tener lastima a mi mismo si nadie me viene a ayudar.

Tambien saco tiempo para escuchar a Dios. Por ejemplo, quizas El en ese momento me muestra algo de lo que yo no me había dado cuenta. Por ejemplo, puede ser que este cansado fisicamente, o este hambriento o enfermo, o con desgaste fisico y eso haga que yo vea el problema mucho mas grande.

Si es así, necesito tomar el cuidado de esas necesidades. Porque no es solo orar, sino también tomar acciones que edifiquen, acciones que hagan las cosas mejor y no peor.

Tambien me gusta durante ese tiempo que el estres me ataca, cantarle al Señor, o tan siquiera escuchar musica de adoración.

Receta para la ansiedad

Ansiedad es básicamente cuando yo quiero saber el resultado antes de que el evento suceda o termine de suceder. Ansiedad es querer saber lo que va a pasar y estar preocupado por ello.

Para la ansiedad, tambien entro en oración pero no solo dejo en Dios las cargas, sino que saco tiempo para admitir y confesar lo que me ha estado preocupando y reconozco que yo no tengo todas las respuestas y que la verdad es que nunca voy a tener todas las respuestas y tengo que vivir aceptando esa realidad, tan simple como eso. Yo no puedo cambiar al mundo, y yo no puedo cambiar a la gente. Ese trabajo no es mío, ese es el trabajo de Dios.

Otra cosa muy importante que hago es identificar las mentiras del enemigo en relación con cada pensamiento ansioso y sustituyo esas mentiras de inmediato con la verdad de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, yo se que Dios me ama, y yo no puedo estar aceptando que las cosas en mi vida van a ir mal. Todo lo contrario, segun pase el tiempo, las cosas terminaran siendo para mi bien.

Pueden haber momentos de altas y bajas, eso es normal, pero al final, todo obrara para bien en mi vida, porque yo amo a Dios y Dios me ama a mi.

Receta para los temores

Lo primero que hago cuando me viene un temor, no es pretender que yo nunca tengo miedo, eso es infantil y un machismo barato. Lo primero que hago es que filtro todos los temores de inmediato. O sea, me examino y miro que me esta causando el temor, de donde viene ese temor.

Una vez identificados, empiezo a declarar con mi boca las bendiciones de Dios. La Biblia dice que Dios llama lo que no es como si fuese y yo comienzo en el nombre de Jesus a declarar como sera el final de la historia, aun si todavía mis ojos no lo ven, Cristo si lo ve y lo sabe.

Segun voy declarando, y recordando antiguos testimonios en mi vida de cuando Dios me ha ayudado, mi corazon se llena de fe, y puedo afirmar: “No voy a vivir con miedo. Voy a vivir confiando en el poder de Dios.”

Hermano y hermana mia, corre a Jesús! No dejes que el enemigo te aterrorice. Tu tienes a un Dios muy grande, poderoso y maravilloso que te ama con todo su corazón.

Para tener la paz y el gozo del Señor a veces hay que luchar, otras veces tienes que estar quieto hasta que el ataque haya pasado . Pídele a Jesús que te muestre lo que debes de hacer, pero preguntale! No te quedes cayado, ve y habla con El.

Fuente: CristianoBox