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Él usa pornografía, I Parte

Él usa pornografía, I Parte

Por Candice Watters

Traducido por Raquel Alvarado para Enfoque a la Familia.

 

Nota del Editor: El tema que se trata a continuación es uno que pesa mucho en las mentes y corazones de muchos cristianos solteros (y casados). Debido a la sensibilidad del tema, y a la frecuencia con que se pregunta al respecto, decidimos contestar una pregunta compuesta, de modo que las identidades de quienes preguntan y de las personas involucradas se mantuvieran anónimas.

Pregunta

Con la bendición de nuestros padres y amigos, mi novio y yo hemos estado saliendo por varios meses. Aunque ya éramos amigos antes de ser novios, hay ciertas situaciones que han salido a la luz durante el noviazgo. Una de las que más me molesta es la pornografía en Internet.

¿Es cierto que todos los hombres luchan con esto y que por lo tanto nosotras las mujeres deberíamos aceptarlo?

¿Estoy actuando como si tuviera una superioridad moral al pensar que soy “demasiado buena” para él, simplemente porque no he tenido momentos en mi vida en los que tuve que lidiar con mis pecados?

¿Está bien si sigo saliendo con él mientras él maneja este tema, hasta que no sea un problema para él?

 

RESPUESTA

Gracias por escribir. Como este es un problema serio que afecta a muchas parejas en el noviazgo, me complace tener la oportunidad de discutirlo por este medio.

 

En otros tiempos la pornografía era mucho más difícil de conseguir. Había que pedirla por detrás del mostrador de una tienda o manejar hasta alguna tienda de libros en algún barrio de mala reputación. Para muchos hombres este esfuerzo no valía la pena. Muchas veces el riesgo a la reputación era suficiente para calmar la tentación.

 

Gracias al Internet y a su ambiente sin leyes, la pornografía es ubicua, es decir, se encuentra en todas partes. El Dr. Albert Mohler, presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur, dice que él simplemente asume que todo hombre que entra al seminario ha utilizado la pornografía en línea de algún modo, y Mohler lo maneja según corresponda.

 

Tristemente, pienso que las mujeres necesitan tratar a los hombres en su vida de una forma similar. Esto no es una licencia para preguntarle a cualquier hombre sobre sus hábitos cibernéticos, ni para traer a colación temas picantes en público. No obstante sí es una razón para, como mínimo, preguntarle al hombre con el que seriamente estás saliendo, cómo hace para evitar las prevalentes tentaciones de nuestra sociedad.

 

Afortunadamente no todos los hombres luchan de la misma forma, o al mismo grado. Sin embargo, creo que sería correcto decir que todos los hombres enfrentan la tentación y algunos son mejores que otros en obedecer la Palabra de Dios referente al escapar de la misma (ver Mateo 26:41 y Job 31:1). Ahora bien, de ninguna manera las mujeres deberían simplemente aceptar que los hombres no pueden evitar usar la pornografía por el hecho de que ésta está en todos lados.

A continuación ejemplifico varios escenarios que podrían surgir dentro del contexto de la relación de noviazgo de una pareja cristiana, cada uno con sus implicaciones:

 

Escenario 1: Un hombre que batalló con la pornografía en el pasado, pero ha renunciado a ella con la ayuda de rigurosas protecciones en su computadora, así como una fuerte responsabilidad y rendición de cuentas. Él se ha arrepentido con Dios y con su novia, y está trabajando de forma activa, obviamente, por la integridad sexual en su relación así como en sus pensamientos.

 

Escenario 2: Un hombre que batalló con la pornografía en el pasado, pero ahora es parte de un grupo de apoyo. Él admite que aún recae ocasionalmente mientras usa el Internet (“todos los hombres lo hacen”) pero honestamente está intentando mejorar porque no quiere que esto sea una piedra de tropiezo en su relación.

 

Escenario 3: Un hombre que no batalla con la pornografía per se, pero sí disfruta leyendo Maxim y otras revistas para hombres. Le asegura a su novia que estas revistas son inofensivas y que cuando se lleguen a casar, planea dejar de leerlas.

 

Ahora bien., basándonos en los ejemplos anteriores, el primer escenario tiene el mejor resultado posible en lo que se refiere a abuso de pornografía en línea. Bajo estas circunstancias, yo le aconsejaría a la amiga que escribió que continúe con su relación, con total confianza en el arrepentimiento de su novio, lo cual se evidencia en su alejamiento de este pecado. Sus esfuerzos por proteger tanto su corazón como sus ojos demuestran su sabiduría y liderazgo espiritual.

 

El tercer escenario no es nada ideal, y para mí la solución es obvia: o él abandona las revistas inmediatamente o terminas con él. El decir que estas revistas son inofensivas y que las dejará en el futuro (si es que llegasen a casarse) es como mínimo un acto ingenuo, pero más que eso es manipulativo y engañoso. Maxim y otras revistas son como puertas de entrada para las drogas. Aunque no son Playboy, estas revistas oscilan en la frontera con la pornografía. Luego de un tiempo, no serán suficientes para satisfacer sus impulsos sexuales y necesitará ver más piel para sentirse saciado. Ya que la pornografía en línea es tan ampliamente disponible, no es probable que logre resistir la tentación. (De hecho, probablemente ya la esté usando.)

 

En cuanto a la afirmación de que el matrimonio será el factor que lo motivará a renunciar: no cuentes con ello. No hay nada mágico en un anillo de matrimonio que logre que de repente sea fácil renunciar a este pecado. La capacidad de tener relaciones sexuales legítimas hará poco para satisfacer aquellas ansias ilícitas que ha consentido durante su soltería. Desafortunadamente, la naturaleza del sexo en el matrimonio – satisfaciente pero rutinario – podrá dejarlo más insatisfecho de lo que esperaba, por ende aumentando su deseo por la pornografía.

 

Sinceramente,
CANDICE WATTERS

En la próxima, el tramposo escenario 2.

* * *

Derechos de autor © 2007 Candice Watters. Todos los derechos reservados. Asegurados por Derechos de autor Internacionales. Este artículo fue publicado en Boundless.org el 5 de febrero 2007.

 

Pregunta

Con la bendición de nuestros padres y amigos, mi novio y yo hemos estado saliendo por varios meses. Aunque ya éramos amigos antes de ser novios, hay ciertas situaciones que han salido a la luz durante el noviazgo. Una de las que más me molesta es la pornografía en Internet.

¿Es cierto que todos los hombres luchan con esto y que por lo tanto nosotras las mujeres deberíamos aceptarlo?

¿Estoy actuando como si tuviera una superioridad moral al pensar que soy “demasiado buena” para él, simplemente porque no he tenido momentos en mi vida en los que tuve que lidiar con mis pecados?

¿Está bien si sigo saliendo con él mientras él maneja este tema, hasta que no sea un problema para él?

 

RESPUESTA

Gracias por escribir. Como este es un problema serio que afecta a muchas parejas en el noviazgo, me complace tener la oportunidad de discutirlo por este medio.

 

En otros tiempos la pornografía era mucho más difícil de conseguir. Había que pedirla por detrás del mostrador de una tienda o manejar hasta alguna tienda de libros en algún barrio de mala reputación. Para muchos hombres este esfuerzo no valía la pena. Muchas veces el riesgo a la reputación era suficiente para calmar la tentación.

 

Gracias al Internet y a su ambiente sin leyes, la pornografía es ubicua, es decir, se encuentra en todas partes. El Dr. Albert Mohler, presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur, dice que él simplemente asume que todo hombre que entra al seminario ha utilizado la pornografía en línea de algún modo, y Mohler lo maneja según corresponda.

 

Tristemente, pienso que las mujeres necesitan tratar a los hombres en su vida de una forma similar. Esto no es una licencia para preguntarle a cualquier hombre sobre sus hábitos cibernéticos, ni para traer a colación temas picantes en público. No obstante sí es una razón para, como mínimo, preguntarle al hombre con el que seriamente estás saliendo, cómo hace para evitar las prevalentes tentaciones de nuestra sociedad.

 

Afortunadamente no todos los hombres luchan de la misma forma, o al mismo grado. Sin embargo, creo que sería correcto decir que todos los hombres enfrentan la tentación y algunos son mejores que otros en obedecer la Palabra de Dios referente al escapar de la misma (ver Mateo 26:41 y Job 31:1). Ahora bien, de ninguna manera las mujeres deberían simplemente aceptar que los hombres no pueden evitar usar la pornografía por el hecho de que ésta está en todos lados.

A continuación ejemplifico varios escenarios que podrían surgir dentro del contexto de la relación de noviazgo de una pareja cristiana, cada uno con sus implicaciones:

 

Escenario 1: Un hombre que batalló con la pornografía en el pasado, pero ha renunciado a ella con la ayuda de rigurosas protecciones en su computadora, así como una fuerte responsabilidad y rendición de cuentas. Él se ha arrepentido con Dios y con su novia, y está trabajando de forma activa, obviamente, por la integridad sexual en su relación así como en sus pensamientos.

 

Escenario 2: Un hombre que batalló con la pornografía en el pasado, pero ahora es parte de un grupo de apoyo. Él admite que aún recae ocasionalmente mientras usa el Internet (“todos los hombres lo hacen”) pero honestamente está intentando mejorar porque no quiere que esto sea una piedra de tropiezo en su relación.

 

Escenario 3: Un hombre que no batalla con la pornografía per se, pero sí disfruta leyendo Maxim y otras revistas para hombres. Le asegura a su novia que estas revistas son inofensivas y que cuando se lleguen a casar, planea dejar de leerlas.

 

Ahora bien., basándonos en los ejemplos anteriores, el primer escenario tiene el mejor resultado posible en lo que se refiere a abuso de pornografía en línea. Bajo estas circunstancias, yo le aconsejaría a la amiga que escribió que continúe con su relación, con total confianza en el arrepentimiento de su novio, lo cual se evidencia en su alejamiento de este pecado. Sus esfuerzos por proteger tanto su corazón como sus ojos demuestran su sabiduría y liderazgo espiritual.

 

El tercer escenario no es nada ideal, y para mí la solución es obvia: o él abandona las revistas inmediatamente o terminas con él. El decir que estas revistas son inofensivas y que las dejará en el futuro (si es que llegasen a casarse) es como mínimo un acto ingenuo, pero más que eso es manipulativo y engañoso. Maxim y otras revistas son como puertas de entrada para las drogas. Aunque no son Playboy, estas revistas oscilan en la frontera con la pornografía. Luego de un tiempo, no serán suficientes para satisfacer sus impulsos sexuales y necesitará ver más piel para sentirse saciado. Ya que la pornografía en línea es tan ampliamente disponible, no es probable que logre resistir la tentación. (De hecho, probablemente ya la esté usando.)

 

En cuanto a la afirmación de que el matrimonio será el factor que lo motivará a renunciar: no cuentes con ello. No hay nada mágico en un anillo de matrimonio que logre que de repente sea fácil renunciar a este pecado. La capacidad de tener relaciones sexuales legítimas hará poco para satisfacer aquellas ansias ilícitas que ha consentido durante su soltería. Desafortunadamente, la naturaleza del sexo en el matrimonio – satisfaciente pero rutinario – podrá dejarlo más insatisfecho de lo que esperaba, por ende aumentando su deseo por la pornografía.

 

Sinceramente,
CANDICE WATTERS

En la próxima, el tramposo escenario 2.

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Derechos de autor © 2007 Candice Watters. Todos los derechos reservados. Asegurados por Derechos de autor Internacionales. Este artículo fue publicado en Boundless.org el 5 de febrero 2007.



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