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Ser semejantes a Cristo 2da Parte

Ser semejantes a Cristo

 

Por David Wilkerson

 

El Espíritu puso tres áreas en mí donde debe comenzar el amor incondicional de Cristo:

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1. Este amor debe comenzar en nuestros hogares.

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El mandamiento de Jesús tiene que ver como yo trato a mi cónyuge e hijos. Para los solteros, tiene que ver como tratan a sus compañeros, cristianos y la gente mas allegada.

La verdad estaba al centro de la profecía de Malaquías a Israel. Dios dijo a los sacerdotes de ese día, “Pero aún hacéis más: Cubrís el altar de Jehová de lágrimas, de llanto y de clamor; así que no miraré más la ofrenda, ni la aceptaré con gusto de vuestras manos.” (Malaquías 2:13). Dios estaba diciendo: “Ya no acepto tu ofrenda o tu adoración. No recibiré cualquier cosa que traigas.”

¿Por qué Dios no acepto el ministerio de estos hombres? “Porque Jehová es testigo entre ti y la mujer de tu juventud, con la cual has sido desleal,… Guardaos, (2:14-15). Todo esto tenia que ver con sus matrimonios.

No hay manera de evitarlo. Si yo debo convertirme en el hombre y ministro que Dios me ha llamado a ser, entonces mi esposa debe decir con toda honestidad ante el cielo, el infierno y todo el mundo: “Mi esposo me ama como Cristo ama a la iglesia. Él comete errores, pero es mas paciente y me esta entendiendo. Él esta poniéndose más tierno y amoroso. Y el ora conmigo. El no es un falso; él es lo que predica.”

Ahora, yo ayudo a pastorear una iglesia que puede ser llamada una mega-iglesia. Yo dirijo conferencias de ministros alrededor del mundo, predicando a miles a un tiempo. Yo funde Reto Juvenil, un ministerio de rehabilitación cristiano para alcohólicos y droga adictos, el cual ahora tiene 500 centros mundialmente. He escrito como veinte libros, ayude a establecer una escuela Bíblica, un hogar para madres y niños abandonados. Han amontonado honores sobre mí.

Pero si este no es el testimonio de mi esposasi ella tiene un dolor secreto en su corazón, pensando, “Mi esposo no es el hombre de Dios que aparenta ser” – entonces todo en mi vida es en vano. Todas mis obras – las predicas, los logros, las dadivas caritativas, los muchos viajes – se suman a nada. Soy una rama inútil, que esta marchitándose, que no da fruto de la semejanza de Cristo. Jesús hará que otros vean la muerte en mí, y valdré poco para su reino.

Puedes evangelizar todo lo que quieras, testificando y dando tratados. Puedes ir a la iglesia semana tras semana y cantar alabanzas a Dios. Pero, ¿qué tiene que decir tu esposo acerca de ti? ¿Qué clase de vida llevas en el hogar?

Un pastor de mediana edad y su esposa vinieron a mi quebrantados y llorando. El ministro me contó a través de lagrimas, “Hermano David, he pecado contra Dios y mi esposa. Cometí adulterio.” Él tembló con tristeza piadosa mientras me confesaba su pecado. Entonces su esposa se volvió a mí y dijo suavemente, “Yo lo he perdonado. Su arrepentimiento es verdadero para mí. Yo sé que el no es esa clase de hombre. Estoy confiada que el Señor nos restaurara.”

Tuve el privilegio de ser testigo del principio de una hermosa sanidad. Nunca podemos arreglar nuestros fracasos pasados. Pero cuando hay verdadero arrepentimiento, Dios promete restaurar todo lo que el gusano ha destruido.

Sin embargo, la traición que Malaquías describe no es tan solo acerca de adulterio o fornicación. Incluye todo lo que pueda ser llamado sin semejanza a Cristo, tal como mal de ánimo o alguien que hace maldad, amargura y deshonestidad. Estas clases de traiciones también vacían los logros de nuestra vida. Dios dice a todos los que lo cometen, “No aceptare tus obras, tu adoración o cualquier cosa que traigas a mí. Tengo una controversia contigo.”

Deseo profundamente que cada pareja que disfruta de un matrimonio centrado en Cristo se pusiera de pies y dijera la verdad: “No es fácil.” El matrimonio es un esfuerzo diario, de la misma manera que la vida cristiana. Como el camino de la Cruz, significa renunciar a tus derechos a diario. Por supuesto que Satanás sabe que tu corazón esta dispuesto a ser mas como Cristo en tu hogar, así que constantemente él va a traer pruebas.

En resumen, no hay otra escuela tan difícil e intensa como la escuela del matrimonio. Y nunca te gradúas. Dios esta haciéndolo claro: nuestra vida con nuestros seres queridos es el pináculo, la misma cumbre, de todas nuestras pruebas. Si erramos aquí, erraremos en toda área de nuestra vida.

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2. Semejanza a Cristo también tiene que ver en

como yo trato a aquellos fuera de mi familia.

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Ser semejante a Cristo es reconocer a Jesús en los demás. En mis viajes, me encuentro con preciosos hombres y mujeres quienes yo sé que están enteramente entregados al Señor. En el momento que me encuentro con ellos, mi corazón salta. Aunque nunca nos hemos visto antes, tengo un testimonio del Espíritu Santo que ellos están llenos de Cristo.

Aun puedo ver algunos de sus rostros: pastores, obispos, evangelistas pobres que predican en las calles. Y en el momento que los conozco, me doy cuenta sin pronunciar palabra, “Este hombre ha estado con Jesús. Esta mujer esta satisfecha en Cristo.” Al saludarlos, siempre digo lo que me gustaría que me dijeran a mí: “Hermano, hermana, veo a Jesús en ti.” No lo digo como adulación, es el testimonio del Espíritu Santo.

Sabemos que la semejanza a Cristo significa amar a los demás como él nos ama. Sin embargo, también significa amar a nuestros enemigos—aquellos que nos odian, quienes nos usan con desprecio, quienes no son capaces de amarnos. Y debemos hacer esto sin esperar nada a cambio. Por supuesto, amar de esta manera es imposible, en términos humanos. No hay libros de enseñanza, ni conjuntos de principios, ni ninguna cantidad de inteligencia humana para enseñarnos como amar a nuestros enemigos como Cristo nos ama. Pero somos ordenados a hacerlo. Y debemos hacerlo con creciente propósito. Según Jesús, ese es el fruto que debemos llevar.

Así que, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo puedo amar al musulmán que me escupió la cara a una cuadra de la iglesia? ¿Cómo puedo amar a la gente que dirige sitios de Internet donde me llaman un falso profeta? ¿Cómo puedo amar a homosexuales que desfilan por la Quinta Avenida llevando letreros que declaran, “Jesús es homosexual?” ¿Cómo puedo amarles verdaderamente en Cristo? Ni siquiera se como amar a otros cristianos en mi propia habilidad.

Sencillamente, tiene que ser obra del Espíritu Santo. Como Jesús oró al Padre, “… para que el amor con que me has amado esté en ellos y yo en ellos.” (Juan 17:26). Cristo le pide al Padre que ponga su amor en nosotros. Y él promete que el Espíritu Santo nos mostrara como podemos demostrar ese amor:

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío y os lo hará saber.” (Juan 16:13-15).

¿Puedes escuchar lo que Jesús esta diciendo aquí? El Espíritu Santo fielmente reunirá todas las maneras como Cristo amó a los demás y te “lo hará saber.” Ciertamente, el Espíritu se deleita en mostrarnos más de Jesús. Es la razón por la cual él mora en nuestros templos corporales para enseñarnos a Cristo. “… pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros. … él os enseñará todas las cosas…” (Juan 14:17, 26).

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3. Finalmente, una división sin semejanza a Cristo

en la iglesia le ha robado de poder e influencia en

cada nación.

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En los tiempos apostólicos, la iglesia estaba tan llena de la autoridad de Cristo, que hacia temblara a reyes y gobernantes. Pablo y sus jóvenes pastores y evangelistas predicaban sin temor. Ellos llenaron ciudades y naciones enteras con el mensaje de Jesús. Aquí había una iglesia conocida por su semejanza a Cristo, su poder para afectar el cielo y la tierra.

Pero hoy, la mayor parte de la iglesia ha quedado como una débil institución, con poca autoridad de Cristo. Es mofada y ridiculizada por todo el mundo. Mientras viajo de nación a nación, puedo ver por que. A menudo encuentro la iglesia en una triste condición, marcada por un cerrado ‘denominacionalismo.’ Cada grupo declara que es de Cristo y que predican un evangelio bíblico. Pero en algunos casos, estos grupos ni siquiera se pueden sentar juntos a una mesa.

Felizmente, en muchas naciones, líderes cristianos cruzan las líneas denominación alees para ayudar a llevar a cabo nuestras conferencias. Pero una gran división aun existe entre culturas y razas. Ciertos grupos son mirados mal y ni siquiera son invitados a las reuniones. También, nuevos movimientos religiosos están levantándose por todas partes, donde esta tomando lugar un verdadero avivamiento. Pero algunos de estos se han hecho exclusivos, declarando que solo ellos tienen la verdad.

Finalmente, hay otra clase de división en la iglesia que es absolutamente contraria a la semejanza de Cristo. Es la cima entre lo grande y lo pequeño: aquellos que están haciendo cosas grandes en el nombre del Señor, contra aquellos que son llamados a obras más pequeñas.

Dios tiene una reprensión para esta clase de división: “Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces, se alegrarán al ver la plomada en la mano de Zorobabel.” (Zacarías 4:10). Esta fue su palabra a los israelitas quienes menospreciaron el fundamento del templo hecho por Zorobabel. Ellos menospreciaron la obra nueva porque no era tan espectacular como el templo de Salomón.

De igual manera hoy, muchas conferencias de pastores están enfatizando crecimiento de mega-iglesia. Le dicen a los pastores de iglesias pequeñas, en tantas palabras, “asiste a la conferencia de este pastor de mega-iglesia y encontraras la clave para el éxito. Con el tiempo tendrás una iglesia tan grande como la suya.” Sin embargo esto tan solo hace que los pastores se desanimen más. Ellos terminan convencidos, “No estoy haciendo nada significativo para Dios. El no me esta usando.”

Honestamente, me encantaría asistir a una conferencia de ministros donde todos los presentadores fueran de iglesias pequeñas o medianas. No tengo ningún deseo de escuchar como levantar una iglesia grande o un enorme presupuesto. Preferiría más bien, escuchar a veinte o treinta pastores de iglesias pequeñas acerca de lo que Dios esta diciéndoles a ellos, acerca de la revelación de Cristo que están recibiendo.

A lo mejor estas pensando, “Yo soy una de esa gente pequeña. Las cosas que yo hago en el reino de Dios son tan pequeñas. No estoy involucrado en nada importante para el Señor.” Ese no es el caso. Déjame decirte como yo creo que Dios ve todo este asunto.

La gente mas útil en la iglesia de Jesucristo son aquellos que tienen ojos para ver y oídos para oír. Si, alguna gente esta haciendo grandes cosas que son vistas y escuchadas por muchos. Pero algunos de esos ministros no tienen ojos para ver las necesidades de la gente herida. Son orientados a proyectos en vez de orientados a la necesidad.

El simple hecho es que el Cristo que vive en mi no es ciego ni sordo. Y su Palabra dice, “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17). Jesús ve todas las necesidades y heridas a mí alrededor. El escucha el quejido y clamores de los desesperados y atados. Y si yo voy a ser mas como él, entonces yo necesito sus ojos para ver lo mismo.

Este es el amor de Cristo: escuchar el llanto desesperado de los huérfanos, de la criatura en el barrio pobre…el solitario, el llanto ahogado del homosexual que esta cansado de su pecado, ahogando su tormento en alcohol…el llanto agonizante del hambriento, el pobre, el encarcelado. Ser como Cristo es tener tales “ojos para ver y oídos para oír.”

O Señor, dame un oído atento. Ayúdame a dejar de decirle a la gente cuanto yo sé. En vez de eso, ayúdame a escuchar lo que me estas diciendo a aquellos que no tienen voz publica. Ayúdame a ser un estudiante a los pies de pastores y siervos desconocidos en el cuerpo que realmente están llevando mucho fruto. Permíteme escuchar lo que tú estas diciendo a través de ellos. Y permíteme amar a los demás no tan solo de palabra, sino en hecho y en verdad.



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