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Mi mejor adversario

Mi mejor adversario

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Imaginemos a cada conyugue sentado en la esquina de un cuadrilátero de boxeo. Cada uno tiene puestos los guantes. Suena la campana y… a la lucha! Ambos están confrontados.

Así como este deporte tiene sus condiciones y restricciones, así también podemos aprender a pelear limpio, sin golpes “bajos”.

Confrontación no es mala palabra. Jesús confrontaba a los fariseos con la palabra y aunque los ofendió, no se retractó porque estaba consciente de esta confrontación. (Mateo 7 y 15:12)

No es necesario que la confrontación sea hostil y dolorosa, aunque suele serlo, debemos verlo como una oportunidad de cambiar y pedir perdón.

“El que se humilla será exaltado”

El secreto de la confrontación no es ganar la batalla, sino ganar a la persona!

Mateo 18:15

“por tanto si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y el solos, si te oyere, has ganado a tu hermano”

Un estratega militar dijo:

“para ganar la batalla hacen falta dos, para perder la guerra, hace falta sólo uno”

Secretos de una buena confrontación con mí conyugue:

  • Tiempo y lugar: no debemos confrontar el conflicto en cualquier lugar o circunstancia. Debemos buscar un lugar y tiempo definido a una conversación seria y sin distracciones.
  • Pelea un “round” a la vez: piensa, hoy tratamos este tema, otro día otro. No sueltes todos los problemas a la vez.
  • Marquen un tiempo para el “round” y vuelvan cada uno a su lugar: no pueden dedicar 10 hs. sobre un problema, se requiere gran dominio propio y madurez para establecer el tema y darle una rápida solución, para no llenarnos de enojo y amargura las 24 hs. Del día.
  • No larguen golpes bajos: las frases hirientes pueden dejar cicatrices profundas y permanentes. Los gritos nunca cambiaron a nadie, por el contrario; endurece el oído de las personas. Frases como: “siempre igual!, nunca vas a cambiar, sos igual a tu madre…” etc.
  • Prepárate para una buena pelea: examina las razones y diferencias antes de hablar. No arrastres enojos del pasado. Conversar sin perder los estribos y con inclinación a perdonar y pedir perdón.
  • Tiempo de oración: pídele a Dios sabiduría la cual da abundantemente y sin reproche, para hablar con paz en el corazón es necesario que Dios esté presente.
  • Aprende a perdonar: el dolor y el resentimiento necesitan de la otra mejilla para ser sanados. Perdonar no es un sentimiento, es una decisión y equivale a reconciliación.

Amar es confrontar a mi conyugue, buscando juntos la una solución.

¿Cómo han sido tus peleas matrimoniales?



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